TEJIENDO EN GÓJAR

Gójar, cinco de la tarde, hicimos nuestro corro entre pilistras frescas y los cuadros de la exposición. El mejor rinconcito del edificio de usos múltiples, estábamos en el escaparate de los jueves, porque allí vamos a pasar el invierno, Agustito, pero de verdad. Nos falta una mesa, eso sí, pero el tiempo nos la pondrá. Porque las cosas buenas, no hay que buscarlas, simplemente pasan.

Llega la concejala y nos dice: « ¡Qué bonicas estáis!, pero éste es el sitio del belén». Así que en diciembre cambiamos de nuevo... yo me he dado cuenta que las tejedoras de calle tenemos un problema que es el frío, las tardes cortas, los achaques de nuestras abuelillas. Nos faltaron ayer, el frío hace daño a las ganas de sentirse jóvenes otra vez, y yo las echo de menos, porque tienen un conocimiento profundo de la vida, de las gentes, de los sentimientos... ¡Poneos buenas pronto!!!

Así sin las abuelas, comenzamos la tarde, una capucha palestina, siempre me acuerdo de Elena cuando tejemos una, y rafia, mucha rafia, hasta Teresa y Maite tejieron esta vez.

Hablamos de religión, de las tejedoras de Guéjar Sierra, del valor de lo aprendido, si se nos impone aprender, lo poco que nos queda... de nuestros hijos, cómo empiezan su andadura de medioadultos... y entre vuelta y vuelta un trocito de bizcocho de Eva, que yo no sé por qué no se ha hecho pastelera, porque nos endulza las tardes con aroma de moras, y tenemos que chupetearnos los dedos antes de cojer la aguja. Es mala, muy mala... y allí tejiendo tranquilas bajo las cristaleras del rincón, entre obras de arte y pilistras frescas se fue la tarde y nos gustó tanto, que nos supo a poco, ¡Qué lejos está el jueves cuando los hilos te llaman desde el subconsciente!!